Serie cuentos; ----.....---- "España vive en un cuento" ----.....----
Hace 1098 años, cuando el globo todavía estaba troceado en países;
Existía una de estas como comunidades sangrientas, que se defendían de las vecinas, cuando nadie les atacaba. Poco a poco este vicio se extendió por todo el planeta y llenaron toda la tierra de vallas separativas. Todos trataban de aislarse de especialmente los diferentes, pero lo disfrazaban de todo tipos de porque-ses, sin reconocer, que miraban solo por su culo y su ombligo.
En una península repartida,el colmo era superlativo, el colmo era en mayúsculas. Ese país se llamaba España, como los cuentos que se contaban entonces, disponía de un Rey con una gran corte y millones de personas a sus pies. Era el señor de los ejércitos, era el único dios que podían adorar y obedecer. Era su eminencia, su usía, su majestad, era una inclinación, estaba incluso prohibido hablar mal de el.
Mantenía al pueblo con lo justo para no morirse de hambre a cambio de trabajar 65 años. Sus limites como buen Rey, los mandaba pro-tejer, pues al otro lado de la valla, había otro Rey.
Su supremacía era una constante, su ostentación era religión, en cuanto podía: Marginaba al pueblo, con el mensaje seudo-artístico, de lo que os robo,me lo gasto en viajes y vicio. Manteniendo sumiso inconsciente a las/os esclavos, del siglo veintiuno. El robo por aquel entonces era lo que te daba el grado de poder, cuanto más ladrón, más escalones ascendías en la iluminación.
El uso de armas era el miedo y la intimidación constante, que ejercían con más arte. Mataban a quien robaban y mataban a quien molestaba, mataban por deporte y lo hacían para después dibujar el arte, mataban para crear la historia y lo hacían de memoria. Mataban a distancia y lo hacían con constan-cía, voto y democracia.
Mataban personas, ideas y animales, mataban por no sentirse subnormales, inferiores y anormales. Lo hacían por los votantes, por tener llenos los estantes, por ocio y para poder irse de vacaciones.
España era ejemplo, era circo, era colegio, exportaba sinceros come mierdas, exportaba enfermeras, exportaba camellos. También se sacudía de encima la violencia de genero.
Ellos firmaban la muerte a millones, por religión, por petroleo, por gas, por que lo aconseja la ONU, lo dice EEUU, por que no piensas , haces ni eres como yo.
Pero se enorgullecían de no ser; como las que llevan el velo, las que el burca habían dejado hacía años. Razón tenían, para que necesitaban el burca que te esconde de vergüenzas y miradas externas. Cuando tus hazañas más asesinas, las difundes por televisión, en nombre de progreso y educación.
El Rey disfrutaba, viendo como sus obedientes esclavos, se creían que eran los mejores que por aquel entonces existían. Que eran el pueblo más libre y limpio de los muchos que habían, que solo mataban porque los demás se lo buscaban. Por que hacían taparse la cara a sus mujeres o porque las casaban. Olvidando claro que matar a millares, era democrático
No se daban cuenta que demócrata no es carta blanca, comodín de excusa, mirar para otra parte, hacer del ocultarse, del no sentirse culpable un arte. Tan cegados estaban que eran mejores en todo, presumían de ganar y llevarse todo. Que entrenaban y se especializaban, que eran ganadores constantes. Querían comerse el mundo, almorzarse a todo hijo de Alláh, a todo pueblo de dictador, al comunista, al hija-mista, al que no acataba su pensamiento superior.
Tan limpios estaban que ejercían de jueces de los demás, sus bombas no las veían como caían y eso les hacía ser libres, eso les cubría con el burca que si llevaban. Que no era físico, pero les hacía ser más ciegos y ciegas, que al que tachaban de mal tratador, dictador, musulmán o Indio.
Como buen reino, como buen Rey, como buen pueblo, como buen cuento de horror:
Tenían un príncipe de ojos azules, rubio, alto y con el don de la coronación. Que eligió a una plebeya, como princesa que coronaría reina.
Pronto empezó todo a cambiar, alguien empezó a ver, que no eran los de ese pueblo tan especiales. Que bien mirado lo que eran todos; Eran unos asesinos, apoyaban a todas las organizaciones que asesinaban y se imponían en los crímenes más naturales. Que eran los más limpios de todos los culpables, que lo que recogían por las canalizaciones. Eran los millares de litros de sangre que los muertos,que pisaban tierras que a nosotros nos caían mal por sus cabezas tapas, por sus maneras de vivir su vida, daba alas a las bombas lanzadas.
Pronto alguien les empezó a insultar, a llamar hijos de puta, asesinos y todo lo que podían imaginar. Pronto más empezaron a ver, que asesinos son aquellos que dejan hacer. Que no estaba nada bien, firmar la carta blanca que te da la balanza trucada, de votar una vez cada cuatro años. Pues los asesinos se lavaban las manos, con la escusa: Que el pueblo les había dado la mano de apretar el botón rojo de la bomba que tocaba lanzar después. Que los mismos que mataban en el pasado, para crear el trono, el país, el reino, a dios, al Rey. Eran los que pedían el engaño de cuidar del país a cambio de sentirse bien atendidos. Mientras cometían los robos, los asesinatos que querían por hay.
Cuando los insultos eran claros, no los querían oír, no querían saber, no querían ver, no querían oír de lo que eran capaces, no les apetecía oír la verdad. De que firmaban todas y cada una de las bombas que se lanzaban. Ya lo harían a nombre de Obama, Aznar, Solana o Zaplana. Que para evitar volver a tropezar en lo de financiar el matar, había que hablar más y que también había que poder votar cada vez que algo importaba de verdad. Cada oportunidad que perdían de hablar, era una casualidad para que se aprovechara, la capacidad de disfrazar la verdad, de cubrir lo que no interesaba airear. Su capacidad de cerrar y no mirar, era parejo al mundial, a las olimpiadas o cualquier causa que amansara a las fieras, que las distrajera y les haría felices.
Era por aquel entonces, cuando el hablar mal estaba penado, cuando estaba prohibido gritar el nombre de cualquier grupo militar, que no se llamaría ONU, OTAN, Demócrata cristiano, Musulmán moderado, tallado y punto. Era castigado quien mataba al bombeador, quienes usaban sus mismas armas. Pero también mataban y encarcelaban a quienes hablaban, a quienes les llamara por sus nombres verdaderos. Incluso los miembros más bajos del pueblo y del clero, del sistema establecido, creían que insultar y gritar era pena capital. Cuando incluían en sus insultos a quien votaba, a quien era ideal en el paquete social que dibujaban en cada actuación fatal, en cada ocasión de dar palos a traición.
En cada ocasión, que alguien les gritaba: "Que todos eran unos cabrones".
Pero cada vez eran más iguales los que gritaban, a los que bombardeaban. Fue cuando el príncipe ya mayor se proclamo campeón. El jurado fue su padre, como si fuera dios, como si fuera el mejor, como si solo estuviera en el mundo EL, como si su sangre fuera de otro color. Como si su ADN fuera bañado en oro, como si estuviera en el altar y seno del señor. Despreciando por mandato divino, por ser superior, porque los demás nos conformamos con ser menos. Porque les quitaban derechos si eran mujer y solo llevaban 30 años pudiendo votar. Porque matan a nuestros hermanos y llenamos las cunetas de España, como las de Irán, Iraq, Afganistán, como en donde tengan que sacar, atravesar y explotar. Ellos pensaban que como ya lo habían pasado, solo querían tener un Rey que se encargara de repartir bombas lejos de aquí. Querían un Zapatero o un Rajoy a un Gonzalez, querían a la nacional y querían a la guardia civil. Por aquel entonces ya con nuevo Rey. (Creo que se hizo llamar: Callejón sin salida Felipe sexto)
A partir de entonces fue cuando la preparación de este, trasformo el cuento de los países de las maravillas, en el cuento de España y nunca acabar.
El cuento que nos trae hoy a contar está historia en una cueva, en una escombrera, en una estancación. Que llevamos arrastrando los que nos toco nacer después, de que España y sus amistades, sus Cias, sus compadres, sus socios, sus suministradores, sus enemigos y sus culpables. Decidieran que como buen cuento del siglo 21; Este país debía de tener Rey doblado y por primera vez, Mujer de sangre real, para seguir con la sucesión al trono. Para continuar con la pirámide de su creación, la que tiene un Rey en el primer escalón, ladrones en el segundo escalón, asesinos en el tercer escalón y a ras del suelo, bañándose en el barro del pago y el trabajo. Un pueblo que defiende la muerte si lo hacemos por voto y convicción. De que no eran ellos, si no , que fue el otro quien insistió en que les matasen para hacerles un gran favor.
Ahora comemos mierda, cagada y orina, no quedan de las perdices, ni un DVD "del hombre y la tierra", No queda ni una alusión al naturalismo, pues todo rastro se borro. Cuando el callejón sin salida, fue la dirección de partida, cuando el acceso de la autovía de la destrucción les venció.
Aquel pueblo democrático se creía que podía hablar, pero que no podía mandar. Se creía no ser racista, por dejar revolcarse en el mismo barro que los de abajo al que tenia otra piel. pero no entendía que proclamar a un cabrón por encima de el. Era la forma de racismo que utilizaban los Reyes para hacerse valer. Aquel pueblo fue cuando empezó a ver que era una mierda, que solo decidía condenarse de por vida. Rebajándose a ser menos con conciencia adquirida, que contribuía a que el Rey y sus secuaces ladrones, podrían utilizar a los asesinos, para matar al resto del pueblo. Como era norma, como era tradición, fiesta global de muerte en los campos de entrenamiento, de pruebas, de África, oriente y sur América también.
Existía una de estas como comunidades sangrientas, que se defendían de las vecinas, cuando nadie les atacaba. Poco a poco este vicio se extendió por todo el planeta y llenaron toda la tierra de vallas separativas. Todos trataban de aislarse de especialmente los diferentes, pero lo disfrazaban de todo tipos de porque-ses, sin reconocer, que miraban solo por su culo y su ombligo.
En una península repartida,el colmo era superlativo, el colmo era en mayúsculas. Ese país se llamaba España, como los cuentos que se contaban entonces, disponía de un Rey con una gran corte y millones de personas a sus pies. Era el señor de los ejércitos, era el único dios que podían adorar y obedecer. Era su eminencia, su usía, su majestad, era una inclinación, estaba incluso prohibido hablar mal de el.
Mantenía al pueblo con lo justo para no morirse de hambre a cambio de trabajar 65 años. Sus limites como buen Rey, los mandaba pro-tejer, pues al otro lado de la valla, había otro Rey.
Su supremacía era una constante, su ostentación era religión, en cuanto podía: Marginaba al pueblo, con el mensaje seudo-artístico, de lo que os robo,me lo gasto en viajes y vicio. Manteniendo sumiso inconsciente a las/os esclavos, del siglo veintiuno. El robo por aquel entonces era lo que te daba el grado de poder, cuanto más ladrón, más escalones ascendías en la iluminación.
El uso de armas era el miedo y la intimidación constante, que ejercían con más arte. Mataban a quien robaban y mataban a quien molestaba, mataban por deporte y lo hacían para después dibujar el arte, mataban para crear la historia y lo hacían de memoria. Mataban a distancia y lo hacían con constan-cía, voto y democracia.
Mataban personas, ideas y animales, mataban por no sentirse subnormales, inferiores y anormales. Lo hacían por los votantes, por tener llenos los estantes, por ocio y para poder irse de vacaciones.
España era ejemplo, era circo, era colegio, exportaba sinceros come mierdas, exportaba enfermeras, exportaba camellos. También se sacudía de encima la violencia de genero.
Ellos firmaban la muerte a millones, por religión, por petroleo, por gas, por que lo aconseja la ONU, lo dice EEUU, por que no piensas , haces ni eres como yo.
Pero se enorgullecían de no ser; como las que llevan el velo, las que el burca habían dejado hacía años. Razón tenían, para que necesitaban el burca que te esconde de vergüenzas y miradas externas. Cuando tus hazañas más asesinas, las difundes por televisión, en nombre de progreso y educación.
El Rey disfrutaba, viendo como sus obedientes esclavos, se creían que eran los mejores que por aquel entonces existían. Que eran el pueblo más libre y limpio de los muchos que habían, que solo mataban porque los demás se lo buscaban. Por que hacían taparse la cara a sus mujeres o porque las casaban. Olvidando claro que matar a millares, era democrático
No se daban cuenta que demócrata no es carta blanca, comodín de excusa, mirar para otra parte, hacer del ocultarse, del no sentirse culpable un arte. Tan cegados estaban que eran mejores en todo, presumían de ganar y llevarse todo. Que entrenaban y se especializaban, que eran ganadores constantes. Querían comerse el mundo, almorzarse a todo hijo de Alláh, a todo pueblo de dictador, al comunista, al hija-mista, al que no acataba su pensamiento superior.
Tan limpios estaban que ejercían de jueces de los demás, sus bombas no las veían como caían y eso les hacía ser libres, eso les cubría con el burca que si llevaban. Que no era físico, pero les hacía ser más ciegos y ciegas, que al que tachaban de mal tratador, dictador, musulmán o Indio.
Como buen reino, como buen Rey, como buen pueblo, como buen cuento de horror:
Tenían un príncipe de ojos azules, rubio, alto y con el don de la coronación. Que eligió a una plebeya, como princesa que coronaría reina.
Pronto empezó todo a cambiar, alguien empezó a ver, que no eran los de ese pueblo tan especiales. Que bien mirado lo que eran todos; Eran unos asesinos, apoyaban a todas las organizaciones que asesinaban y se imponían en los crímenes más naturales. Que eran los más limpios de todos los culpables, que lo que recogían por las canalizaciones. Eran los millares de litros de sangre que los muertos,que pisaban tierras que a nosotros nos caían mal por sus cabezas tapas, por sus maneras de vivir su vida, daba alas a las bombas lanzadas.
Pronto alguien les empezó a insultar, a llamar hijos de puta, asesinos y todo lo que podían imaginar. Pronto más empezaron a ver, que asesinos son aquellos que dejan hacer. Que no estaba nada bien, firmar la carta blanca que te da la balanza trucada, de votar una vez cada cuatro años. Pues los asesinos se lavaban las manos, con la escusa: Que el pueblo les había dado la mano de apretar el botón rojo de la bomba que tocaba lanzar después. Que los mismos que mataban en el pasado, para crear el trono, el país, el reino, a dios, al Rey. Eran los que pedían el engaño de cuidar del país a cambio de sentirse bien atendidos. Mientras cometían los robos, los asesinatos que querían por hay.
Cuando los insultos eran claros, no los querían oír, no querían saber, no querían ver, no querían oír de lo que eran capaces, no les apetecía oír la verdad. De que firmaban todas y cada una de las bombas que se lanzaban. Ya lo harían a nombre de Obama, Aznar, Solana o Zaplana. Que para evitar volver a tropezar en lo de financiar el matar, había que hablar más y que también había que poder votar cada vez que algo importaba de verdad. Cada oportunidad que perdían de hablar, era una casualidad para que se aprovechara, la capacidad de disfrazar la verdad, de cubrir lo que no interesaba airear. Su capacidad de cerrar y no mirar, era parejo al mundial, a las olimpiadas o cualquier causa que amansara a las fieras, que las distrajera y les haría felices.
Era por aquel entonces, cuando el hablar mal estaba penado, cuando estaba prohibido gritar el nombre de cualquier grupo militar, que no se llamaría ONU, OTAN, Demócrata cristiano, Musulmán moderado, tallado y punto. Era castigado quien mataba al bombeador, quienes usaban sus mismas armas. Pero también mataban y encarcelaban a quienes hablaban, a quienes les llamara por sus nombres verdaderos. Incluso los miembros más bajos del pueblo y del clero, del sistema establecido, creían que insultar y gritar era pena capital. Cuando incluían en sus insultos a quien votaba, a quien era ideal en el paquete social que dibujaban en cada actuación fatal, en cada ocasión de dar palos a traición.
En cada ocasión, que alguien les gritaba: "Que todos eran unos cabrones".
Pero cada vez eran más iguales los que gritaban, a los que bombardeaban. Fue cuando el príncipe ya mayor se proclamo campeón. El jurado fue su padre, como si fuera dios, como si fuera el mejor, como si solo estuviera en el mundo EL, como si su sangre fuera de otro color. Como si su ADN fuera bañado en oro, como si estuviera en el altar y seno del señor. Despreciando por mandato divino, por ser superior, porque los demás nos conformamos con ser menos. Porque les quitaban derechos si eran mujer y solo llevaban 30 años pudiendo votar. Porque matan a nuestros hermanos y llenamos las cunetas de España, como las de Irán, Iraq, Afganistán, como en donde tengan que sacar, atravesar y explotar. Ellos pensaban que como ya lo habían pasado, solo querían tener un Rey que se encargara de repartir bombas lejos de aquí. Querían un Zapatero o un Rajoy a un Gonzalez, querían a la nacional y querían a la guardia civil. Por aquel entonces ya con nuevo Rey. (Creo que se hizo llamar: Callejón sin salida Felipe sexto)
A partir de entonces fue cuando la preparación de este, trasformo el cuento de los países de las maravillas, en el cuento de España y nunca acabar.
El cuento que nos trae hoy a contar está historia en una cueva, en una escombrera, en una estancación. Que llevamos arrastrando los que nos toco nacer después, de que España y sus amistades, sus Cias, sus compadres, sus socios, sus suministradores, sus enemigos y sus culpables. Decidieran que como buen cuento del siglo 21; Este país debía de tener Rey doblado y por primera vez, Mujer de sangre real, para seguir con la sucesión al trono. Para continuar con la pirámide de su creación, la que tiene un Rey en el primer escalón, ladrones en el segundo escalón, asesinos en el tercer escalón y a ras del suelo, bañándose en el barro del pago y el trabajo. Un pueblo que defiende la muerte si lo hacemos por voto y convicción. De que no eran ellos, si no , que fue el otro quien insistió en que les matasen para hacerles un gran favor.
Ahora comemos mierda, cagada y orina, no quedan de las perdices, ni un DVD "del hombre y la tierra", No queda ni una alusión al naturalismo, pues todo rastro se borro. Cuando el callejón sin salida, fue la dirección de partida, cuando el acceso de la autovía de la destrucción les venció.
Aquel pueblo democrático se creía que podía hablar, pero que no podía mandar. Se creía no ser racista, por dejar revolcarse en el mismo barro que los de abajo al que tenia otra piel. pero no entendía que proclamar a un cabrón por encima de el. Era la forma de racismo que utilizaban los Reyes para hacerse valer. Aquel pueblo fue cuando empezó a ver que era una mierda, que solo decidía condenarse de por vida. Rebajándose a ser menos con conciencia adquirida, que contribuía a que el Rey y sus secuaces ladrones, podrían utilizar a los asesinos, para matar al resto del pueblo. Como era norma, como era tradición, fiesta global de muerte en los campos de entrenamiento, de pruebas, de África, oriente y sur América también.

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